Campeones

Mientras trabajo en mi portátil sentado en el porche en O?Muiño, descanso la vista entre ficha y ficha, contemplando el Mar.

Mientras, la televisión que quedó encendida en el saloncito, relata el paseo triunfal de la Selección de Fútbol recién llegada con la Eurocopa.

Oigo, no escucho, a los locutores diciendo una y otra vez, los mismos lugares comunes, las frases hechas, llenando horas de emisión, esperando ese autobús donde los jugadores ya no saben que más tonterías hacer, durante un recorrido de horas, mucho más que el tiempo que necesitaron ayer para cuajar un espléndido partido y ganar merecidamente la Eurocopa.

Pero todo lo demás me parece excesivo y vulgar. El locutor de Cibeles grita desaforadamente como algunos de los vendedores de la Feria de Vilanova de Cerveira.

La gente se pinta, se disfraza, canta, salta y bota. Grita cosas tan originales como el oé, oé, oé, oé. Y yo, que ayer durante el partido grité gol cuatro veces y salté cuatro veces de la silla, al acabar el partido y pasados pocos minutos me sentí igual de preocupado por todas mis circunstancias personales y las de mi País. Igual me pasó con el ascenso del Celta este año.

No somos los mejores. Son ellos los mejores y en el fútbol.

Rajoy a la salida del vestuario ayer manifestó que aparte de magníficos futbolistas, el, que habló allí con todos y cada uno de ellos, puede afirmar que son jóvenes sanos, humildes y con la cabeza muy bien amueblada (como diría Juan José Millás, ?signifique lo que signifique tener los muebles en la cabeza?).

La periodista ingenuamente le pregunta:

-¿Qué le dijeron?

Y él contesta:

-Que están muy felices y deseando llegar a España.

Mientras, entre ficha y ficha, levanto la vista y la descanso en el Mar, y de repente pasa un delfín, y otro y así hasta unos diez, que salto a salto se dirigen a Vigo, muy cerca de la costa, no más de cien metros.

En la televisión siguen saltando las camisetas rojas y gritando:

-Yo soy español, español, español.

Y yo me siento cada vez más cerca de las personas y más lejos de la gente como masa.

Y sentado de espaldas a la televisión y frente al Atlántico me siento un espectador afortunado de contemplar nadar unos delfines felices y sobre todo libres.

 

 

 

Mougás, dos de Julio, 2012

Publicada 24/06/2015

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