Historia de un instante

Regresábamos de firmar ejemplares de El Horizonte de la Reina en la Feria del Libro de Madrid. Estaba cansado de una actividad social... promocional que cada vez me cuesta más. Cuando escribo me vacío tanto que no me queda fuerza para el mercadeo. Un error en los tiempos que corren pero es así. Y en ese regreso desde la nada multitudinario empezó a llover. Y Candela, mi fiel asistente durante toda la mañana, se quejó de que se le mojaba el pelo. Sin dudarlo un instante le enfundé el casco. Parecía un pequeño personaje de Star Wars. Nuestra estampa debía resultar singular. Tanto que arrancó alguna que otra risa de gente que pasaba por el lugar. Iba tan abstraído en la paradoja de crear (altruismo) y vender (capitalismo) que no me percaté hasta que Candela hizo amago de quitarse el casco. Te vas a mojar, le dije. Y ella me respondió: se están riendo de mí (yo creo que era de ambos). Y entonces encontré la clave que, sin saber, había estado buscando en esa ceremonia de compromiso que es la firma de libros. Una frase para un instante, la hondura de una reflexión que perdura en el tiempo de un genio pobre: Ande yo caliente y ríase la gente. Y Candela aguantó con el casco hasta que dejó de llover.

Publicada 02/07/2015

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