La canción del esclavo

La canción del esclavo | El mundo rugía a su alrededor con sed de sangre. El combate de Carnera con Baer se había convertido en la lucha entre las democracias constitucionales y los totalitarismos que tomaban forma en Europa. Una lucha entre el bien y el mal en la que Baer, americano con ascendentes judíos, debía acabar como fuera con Carnera, el gigante bueno que el fascismo italiano había acuñado como marca de supremacía racial.

El combate fue un tongo. El mafioso irlandeás Owney Madden, propietario entre otros bienes del Cotton Club, había llevado a Carnera de pelea fácil en pelea fácil hasta una campeonato del mundo muy dudoso.

Madden era el Don King de la época, también era el representante de Carnera. Sin embargo, en aquella noche, el irlandés no apostó por su pupilo sino por Baer, un boxeador que combinaba excelentes movimientos con golpes demoledores.

El combate fue una pantomima. El gigante Carnera perseguía a Baer por todo el ring sin conseguir conectar ni un golpe. Por el contrario el americano castigó una y otra vez la cara del italiano. Tanto fue el castigo que Carnera se cayó hasta 10 veces en el ring. Desde su esquina intentaron frenar la masacre a la tercera caída. El italiano se negó, y fue levantándose una y otra vez para seguir recibiendo golpes como un saco muerto hasta el árbitro puso fin a la pelea y dio el título a Baer por k.o. técnico.

Unos días más tarde, todos los cines de los EEUU reproducían el combate a cámara rápida para regocijo de los espectadores y mofa de Carnera que acabó sus días en su pueblo natal apartado del boxeo y del mundo que, durante unos meses, tuvo a sus pies.

Publicada 01/07/2015

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