Otra mirada 2.0

Black Mirror ha vuelto. La serie de autor producida por la BBC sobre el denominador común del impacto de las nuevas tecnologías regresa a la parrilla televisiva con una nueva entrega de tres capítulos. Y esto, de por sí, ya es una buena noticia. La oportunidad de contar con directores y guionistas de cine implicados en cada uno de los capítulos garantiza una reflexión sobre la comunicación  2.0 (denominación -por supuesto- ya obsoleta) siempre interesante.

En su regreso, Black Mirror propone una historia en la que una figura de ficción televisiva (el oso Waldo) es postulado a la carrera política por parte de una productora sin otros escrúpulos que los dictados por la audiencia. Hablamos de un punto de partida  muy realista. Como lo es la entrada de los postulados nihilistas de Waldo en una sociedad hastiada de la política convencional.

Este capítulo no ha sido acogido con mucho entusiasmo por la crítica. Pero la crítica habla de televisión. Yo lo hago de comunicación. Y desde este último punto de vista, la evolución de Waldo -el personaje de ficción- y de Waldo -el cómico que le da vida- es toda una declaración de intenciones sobre las amenazas y las oportunidades que entraña el click como base de cualquier sistema representativo.

Waldo con su caca, culo, pedo, pis es un perfecto antagonista de un sistema político que cada vez se aleja más de la sensibilidad social (aunque, como recuerda uno de los personajes, es el que construye carreteras). El problema es que los políticos tradicionales no se alejan de la sociedad por analógicos. Como demuestra el oso Waldo se puede ser un perfecto sociópata desde la más exquisita actualización digital. Más aún, especialmente gracias a ella.

Publicada 01/07/2015

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