De momento vivimos en El Paraíso

Desde hace unas semanas se viene evaluando la repercusión negativa que los sucesivos casos de corrupción aireados por los Medios pueden estar acarreando para la Marca España. Ayer, sin ir más lejos, este debate cobró forma en un acto organizado por el Banco Sabadell y por el medio digital El Confidencial que contó con la presencia del seleccionador español de fútbol, Vicente del Bosque, y del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo.

En general, la idea de consenso es que, en efecto, el relato informativo de las últimas semanas no contribuye a mejorar la imagen de España en el exterior. Aunque en este sentido, el ministro matizó: "La corrupción hay que erradicarla con la máxima severidad, pero quiero decir que en España somos bastante masoquistas y que la imagen de España dentro es peor que la que existe fuera".

En el último ranking elaborado por la organización Transparencia Internacional sobre la corrupción en el mundo, España aparece en el puesto nº 30 de un total de 174 países.  A primera vista, puede parecer que no es un mal puesto pero en 2004 ocupábamos el puesto nº 23. Esto quiere decir que en menos de diez años hemos retrocedido ocho puestos y que ahora marchamos parejos a Botswana en materia de corrupción.

La última encuesta del CIS -enero de 2013, esto es, una semanas antes de que el caso Bárcenas volviera a la actualidad- refleja que los tres temas que más preocupan a los españoles son, por este orden, el paro (77,1%), los problemas económicos (39,5%) y la clase política (29,8%).

Retomo la reflexión inicial del ministro -en España somos bastante masoquistas... la imagen de España dentro es peor que la que existe fuera- y llego a la conclusión de que, en interno, según indican las estadísticas, tampoco parece que nos fustiguemos tanto por este tema y que, en externo, no aparecemos precisamente investidos de un aurea impoluta.

En cualquier caso, se trata de percepciones. Todas respetables. Como las opiniones. En opinión de Maragallo si se demostrara que los papeles de Bárcenas fuesen ciertos nos encontraríamos ante una catástrofe bíblica. Me pregunto cuán lejos hay que llegar en la desesperación social para acuñar el término de Armagedón. Más aún, si se produjera esa autentificación, si se llegara a la conclusión de que esos papeles son ciertos ¿para quién sería una catástrofe bíblica? Formulo secuencialmente: ¿Para el parado de larga duración? ¿Para el joven sin futuro en su país? ¿Para la mujer que tiene que trabajar 82 días más para equiparar su salario al de un hombre? ¿Para el jubilado que ha vista recortada su pensión?

A la espera de la catástrofe bíblica todo indica que vivimos en el Paraíso. Y yo sin enterarme.

Publicada 01/07/2015

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