El dopaje olímpico es asimétrico

Más alto, más lejos, más rápido... y todo con absoluta pureza. El ideal olímpico fija un camino de ideal atlético basado en el esfuerzo, la ética y la transparencia. Animado por este principio, el COI lidera un aquelarre contra el dopaje en toda su dimensión. O casi toda.  Parece que los esfuerzos de los cruzados miembros del COI se centran específicamente en los deportistas y sus entornos, en el dopaje anabolizante, en esa mancha deshonrosa de los JJOO.

Sin embargo, es llamativo comprobar cómo este espíritu inquisidor brilla por su ausencia en lo que se refiere a la larga lista de corruptelas que acompaña al movimiento olímpico en los despachos.  A la luz de la historia, parece que el tráfico de influencias, sobornos y prebendas varias circulan por una vía sin peaje ético de ningún tipo.

En 2009, Yuan Weimin, ex ministro chino de deportes, reconoció en un libro que el francés Jacque Rogge firmó un pacto secreto con China para conseguir votos de miembros europeos del COI a favor de Pekín 2008. A cambio, el gigante chino habría apoyado las aspiraciones de Rogge para sustituir a Samaranch al frente del COI.  Verdad o no, Pekín fue la sede de los Juegos en 2008 y Rogge nombrado presidente.

En 2004, un programa de la BBC demostró una posible venta de votos que afectaba al presidente del Comité Olímpico de Bulgaria, quien se mostraba dispuesto a intermediar en la compra de 54 de los 63 votos necesarios para que Londres fuera elegida la sede de los Juegos Olímpicos de  2012. El COI abrió una investigación que no llegó muy lejos, ya que un año más tarde la capital británica fue elegida con ¡54 votos!, cuatro más que París.

Esto no fue nada comparado con el escándalo de la elección de los Juegos Olímpicos de Invierno de Salk Lake City en 2002. Investigaciones hechas a los miembros del COI desvelaron  que los organizadores les habían hecho regalos, ofrecido becas y hasta sufragado tratamientos médicos. Juan Antonio Samaranch, entonces presidente del COI, no fue ajeno a esta polémica y reconoció haber recibido 2 rifles valorados en 2.000 dólares. Diez miembros del COI fueron expulsados y otros diez expedientados.

En 1991, el vicepresidente del COI y mano derecha de Samaranch, Robert Elmick, tuvo que dimitir por cobrar 300.000 dólares de empresas y organizaciones vinculadas al movimiento olímpico a las que asesoraba.

El camino de la memoria es tortuoso pero necesario. El recordatorio de estos hechos pone en evidencia la necesidad de acabar con la asimetría del dopaje olímpico. O se persiguen todas las malas prácticas por igual o acabaremos siendo cómplices silenciosos de un sistema en el que los dirigentes del COI -que tan denodadamente luchan por un deporte sin trampas- resultan ser más tramposos que los atletas que se dopan.

Publicada 29/06/2015

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