Y al final volamos todos

De entre todos los sueños que el hombre ha ido cumpliendo a lo largo de su paso por el planeta, el de volar es uno de los que más tiempo se ha resistido. Desde que se tienen noticias de la actividad del ser humano, se suceden referencias de intentos casi siempre trágicos por alzar el vuelo y suspenderse en el aire como los pájaros.

Ni siquiera se trataba de los pioneros de la aviación. Las muertes por despeñamiento fueron periódicas siglo tras siglo y en casi todos los rincones habitados de la Tierra hasta los albores del siglo XX.

Fue entonces cuando el hombre voló. Pero solo algunos. Durante las primeras décadas de historia de la aviación las clases privilegiadas y los soldados fueron los únicos que, por razones bien distintas, surcaron los aires para viajar de un punto a otro (aunque el lugar de destino final no siempre fuese el deseado).

Las clases más acomodadas fueron los primeros clientes de la incipiente aviación comercial y, por ello, también resultaron las más accidentadas. Cruzar ?el charco? en avión en los años 50 significaba subirse durante más de una veintena de horas a un cilindro de hierros que, no en pocas ocasiones, despegaba con cuatro motores y aterrizaba con tres. O menos.

El 9 de febrero de 1969 Boeing revolucionó la historia. Esa mañana Jack Waddell y Brien Wygle hicieron avanzar la palanca de gases. Pasaron la V1, la V2 y al llegar a la velocidad de rotación, Waddell atrajo hacia sí los mandos y el avión se fue al aire. Acababa de despegar de Paine Field por primera vez un Boeing 747, entonces el avión más grande jamás construido. Por fin la clase media disponía de acceso franco al avión.

El 747 fue el primer avión de doble pasillo, con capacidad de acomodar más de 400 pasajeros en su interior y alcance suficiente para realizar vuelos transcontinentales y transoceánicos. Resultó un éxito tal que obligó a las aerolíneas a buscar primera vez nuevos nichos de pasajeros, porque tenían que llenar los ?Jumbo?.

Las compañías aéreas emprendieron así un viaje comercial que ha desembocado en la aviación que conocemos hoy en día: volar es una actividad cotidiana que carece de todo interés. Solo queda el recuerdo del glamour que le acompañó durante sus seis primeras décadas.

La estela del 747 fue seguida por el resto de fabricantes de la época. McDonnell Douglas no tardó en presentar el DC-10 y Lockheed apostó por su L-1011 Tristar, todo un fiasco comercial. Al otro lado del Atlántico, la incipiente Airbus se apresuró a lanzar el A-300. Todos los actores de la aviación comercial de principios de los 70 contribuyeron a democratizar el viaje aéreo.

Decenas de miles de personas embarcan cada día en aviones de doble pasillo. El 747, hoy ya un venerable abuelo, sirvió para que toda una generación se estrenase en viajes más allá de nuestro continente de origen.

Las vueltas que da la vida. Eso debe pensar todavía la veterana azafata española que pidió cambiar de cabina en un vuelo a Quito para evitar el ?bochorno? de tener que servir la cena a su empleada de hogar, el marido y los hijos. Con similar amargura lamentaba un comandante ?de toda la vida? el ?escaso decoro? de los pasajeros españoles de hoy en día: ?suben a mi avión en chanclas?. Los tiempos del champán de bienvenida están liquidados para siempre.

Publicada 29/05/2014

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